30 sept 2014

Cuando el bien se convierte en mal


Cuando las personas que conocen un asesino en serie descubren la triste realidad se suelen quedar atónitas. Muchas afirman que jamás pensaron que esa persona tan correcta, amable y servicial podría hacer algo así. De hecho, a veces los más íntimos afirman que “no era él”, para indicar que de alguna forma que el mal se “apoderó” de su voluntad y le hizo cometer actos horribles.

Si analizamos con mayor profundidad este tipo de actitudes descubriremos que en su fondo subyace la confianza en el bien. Creemos que ser buenos es natural y que los “monstruos” son desviaciones de la norma. Este pensamiento nos facilita la vida y nos hace sentir más seguros en nuestro pequeño mundo. Además, nos evita contemplar y aceptar que dentro de cada persona se esconden tendencias, ideas o deseos que no quisiéramos revelar.

Una mirada desde la ciencia


David Buss, psicólogo de la Universidad de Texas, se ha dedicado a estudiar el lado más oscuro de las personas comunes y corrientes. Para hacerlo le pidió a sus estudiantes que indicaran en un cuestionario si alguna vez habían fantaseado sobre matar a alguien. A continuación, les pidió que escribieran sus fantasías en un ensayo.


Para su propia sorpresa, Buss encontró que el 91% de los hombres y el 84% de las mujeres tenían fantasías homicidas particularmente vívidas. Sin embargo, todo no termina ahí, muchos de los entrevistados también refirieron pasos muy específicos sobre cómo cometerían el asesinato. Y lo interesante es que no se trataba precisamente de muertes “dulces” sino de verdaderas torturas.

De hecho, Buss señala que en muchas ocasiones las personas que cometen asesinatos son vecinos normales y simpáticos que han llegado a una situación insostenible en la cual el miedo era su vida cotidiana. Llegados a un punto, este miedo contenido se convierte en ira y desata actos violentos.

Aunque hemos abandonado la época de las cavernas y existen miles de formas de pedir ayuda antes de llegar a estos extremos, lo cierto es que muchas personas prefieren encerrarse en su realidad y esta decisión actúa como una olla a presión que acumula más y más vapor hasta que explota.

Según este psicólogo, cada persona, con las motivaciones justas, sería capaz de cometer increíbles actos de heroísmo pero también horrores extraordinarios.

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