7 dic 2013

El último ejemplo


Más que evidente, la ironía es sangrante. Walker era un deportista irredento que amaba el surf y la velocidad, lo que hace particularmente difícil separarlo de su personaje. Ver en un titular que se había estampado con el destino que jamás conoce en las películas que le dieron fama no solo tiene un componente potenciador de interés; también resulta un pequeño golpe emocional. Como si Aquaman hubiera muerto ahogado. Que quien pilotara el coche fuera Roger Rodas, un exitoso financiero del Banco Merrill Lynch, amigo de Walker y que corrió su misma suerte, se pasó bastante por alto: lo que importa es que el titular niega la fantasía que sustenta la saga de improbables piruetas automovilísticas. El hecho de que esta sea, a pesar de las malas críticas, una de las más taquilleras de la historia y que tenga 40 millones de fans en Facebook (Obama, por ejemplo, tiene 37 millones) sin duda ayudó.

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